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Novedades
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La
masa y el número crítico
por Rosa Coll |
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Unos doce o quince años atrás el nagual Carlos Castaneda solía referirse con asiduidad al tema del número crítico. En ese momento tuve la fortuna de conocerlo. Me explicaba entonces el tema del número crítico a través del ejemplo de las hormigas que, me refería él, caminan en desorden y se orientan con dificultad, andando y desandando camino, hasta que el grupo de hormigas completa cierto número -su número crítico- que, por ese sólo hecho, las organiza y las ordena, de modo tal que son capaces de orientarse y dirigirse sin titubeos en la dirección que necesitan. Ha habido hombres ejemplares que soñaron una humanidad libre, Carlos Castaneda, brujo, soñaba entonces con lo que él llamaba la "revolución de la percepción". Sentados en un espacioso café de estructura muy moderna, con techo de vidrio, en el barrio de Westwood, me decía que nuestro mundo, este mundo que nos parece tan sólido, tan firme, tan bien armado, está sostenido apenas por unos hilos muy finos, y que se necesita muy poco -un número crítico de perceptores- para que esta férrea estructura se desmorone. Ese desmoronamiento es la revolución de la percepción. ¿Por qué una revolución de la percepción? Carlos Castaneda había aprendido de su maestro don Juan, la facultad de ver. Por cierto que ver, en ese mundo chamánico significa ver el fluir de la energía, mas también significa ver en nuestro mundo cotidiano mucho más allá de lo que ve el hombre común, así fuera éste el más intuitivamente avezado. El nagual Castaneda perforaba el alma -por así llamarla- de la persona que tuviera delante. De una mirada veía la tristeza profunda que anidaba en ella, y porqué había llegado allí; de una mirada conocía su grado de osadía o de sometimiento, su capacidad de romper reglas establecidas y de jugarse. Por eso su diagnóstico del hombre tenía tal fuerza, tal veracidad, y por cierto coincidía con el diagnóstico de los más profundos filósofos contemporáneos y de los más expertos sociólogos: el hombre está preso, pero a diferencia de los filósofos y de los sociólogos, para Castaneda la cárcel del hombre es su percepción, y la libertad del hombre es libertad para percibir. He ahí la gran novedad. Ni Merleau Ponty, el pensador de la percepción, llegó a tal afirmación. |
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Que la cárcel del hombre sea la percepción, significa que estamos presos en un determinado mundo, en cuya constitución no tuvimos arte ni parte: no se nos preguntó si queríamos vivir en él, no tuvimos otra opción. El brujo ve que nuestro malestar básico se enraíza en la estrechez de nuestra percepción, pues sabemos, de una manera sorda y tenue, que tenemos posibilidades inauditas sin usar. De allí la necesidad de esa revolución de la percepción que fue uno de los sueños del nagual Carlos Castaneda y para cuya realización Castaneda consideraba esencial que un número determinado de personas compartiera una nueva y más amplia manera de percibir. Ese número determinado -desconocido- es el número crítico, el que permite que las hormigas se organicen en torno a una meta común, y el que permitiría que la humanidad rompa los parámetros de su percepción cotidiana -su cárcel-, aventurándose en un mundo diferente, nuevo. El concepto de masa cobra relevancia filosófica desde comienzos del siglo pasado, sobre todo con la publicación, en 1930, de La rebelión de las masas, la clásica obra del pensador y excelente escritor español Ortega y Gasset. En lo que sigue del siglo el concepto de masa es incorporado y desarrollado profundamente por el pensamiento filosófico y sociológico, en general con la connotación de pérdida de identidad para el individuo a la vez que de adquisición de una capacidad para realizar actos que no realizaría estando solo. Originariamente la masa requería la presencia física de los individuos reunidos, mas cuando adviene la revolución de la comunicación con la radio y la televisión, el individuo no precisa ya encontrarse físicamente en una situación de masa para incorporar las características de la masificación, tales como, por ejemplo, la pérdida del criterio personal hasta para evaluar la orientación de su propia vida, y hacerlo en función de lo que "se dice", de lo que "se hace". |
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Carlos Castaneda decía que el fenómeno de la masa, tal como él lo estaba experimentando con referencia a las enseñanzas aprendidas de su maestro don Juan, era algo desconocido para la brujería, algo acerca de lo cual don Juan no tenía idea. Para Castaneda la masa significaba una fuerza especial, algo así como el impulso de un motor del que el individuo, por sí solo, carece. Para Castaneda los individuos en una situación de masa se potencian y se potencian, también, aquellos que conducen la masa. Energéticamente hablando la masa no es sólo la suma de sus partes, pues produce una energía propia de la que pueden beneficiarse todos los que la integran. De hecho hemos podido experimentar, en las decenas de seminarios de Tensegridad que se han venido realizando en los últimos ocho o nueve años, que el aprendizaje de los pases mágicos -movimientos que los chamanes del México antiguo veían en sus ensueños- se realiza de una manera mucho más veloz en una situación de masa que en una situación individual; por otra parte, esto mismo se experimenta no sólo en la Tensegridad, sino también en muchas otras situaciones de aprendizaje. En la actualidad no sólo se siguen realizando frecuentemente seminarios de Tensegridad, sino que también, en gran cantidad de países de diversos continentes hay grupos de práctica de Tensegridad y recapitulación -práctica ésta que, junto con la Tensegridad, conforma una de las dos herramientas fundamentales que la brujería de don Juan propone para recuperar y redistribuir la propia energía, requisito sine qua non para acrecentar la percepción- que se reúnen regularmente en diferentes ciudades. Todo esto nos habla de una situación de masa, pues, los grupos de práctica generan asimismo su propia energía, que sostiene y alimenta a sus integrantes. Que todo esto pueda redundar en un número crítico, es una incógnita, pero, por cierto, el sueño del nagual Carlos Castaneda acerca de una revolución de la percepción, no ha terminado de soñarse. |
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Rosa Coll
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Rosa Coll, profesora de filosofía y escritora, ejerció durante muchos años la práctica de la docencia en la Universidad de Buenso Aires, hasta que entró en contacto con el mundo de la brujería o chamanismo de Carlos Castaneda, primero a través de la lectura de su obra escrita y luego a través del contacto personal con él, que duró más de diez años, hecho que la llevó a radicarse en los Estados Unidos En tanto profesora de filosofía y escritora tuvo una actividad intensa en su medio, participando en numerosos congresos de filosofía, publicando ensayos de tipo filosófico en los principales periódicos de Buenos Aires. En Buenos Aires también publicó, entre otros, un conjunto de ensayos filosóficos titulado Ni ética ni cultura y el ensayo que lleva el nombre de Brujos y filósofos, desde la filosofía hacia Carlos Castaneda, donde traza ciertos paralelos entre los pensamientos de Federico Nietzsche, Martín Heidegger y el mundo de Carlos Castaneda, a la vez que marca, precisamente, el tránsito de la autora desde la filosofía hacia el mundo de Carlos Castaneda. Este libro fue, a su vez, publicado en México, donde también publicará la autora en breve otro tomo de ensayos. En los últimos años la autora se ha dedicado a escribir exclusivamente sobre el mundo brujo-chamánico de Carlos Castaneda, publicando sus artículos en diarios de Buenos Aires y en revistas especializadas sobre el tema tanto en Buenos Aires -Bitácora-como en México -Fractalum-. Los artículos publicados últimamente en esas revistas se titulan: "Somos también entes electromagnéticos", "Poner las cosas en su lugar", "A modo de despedida Carlos Castaneda", "Acerca de la verdad y de la mentira", "La revolución de la mujer", "La magia del agradecer". Rosa Coll también se ha dedicado al tema de la mujer, publicando ensayos en revistas especializadas sobre el tema, tanto en México -Debate feminista, Fem-como en la Argentina -Cuadernos de etica-. |
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